Palabras del Presidente de la Asociación Convención Bautista de Cuba Occidental



7 de mayo de 2022

Amados hermanos y amigos:

Estamos consternados ante el accidente acaecido en el hotel Saratoga. Nuestro primer pensamiento para los familiares y amigos de las víctimas fatales de este lamentable siniestro, así como para aquellos que se encuentran hospitalizados en estado de gravedad. El alma de un ser humano es más valiosa que todas las riquezas del mundo. Por eso, la prioridad ahora es seguir salvando vidas.

Queremos agradecer la solidaridad mostrada por la población en sentido general, como es característico en eventos de esta envergadura. Particularmente, quiero expresar gratitud por tantas personas que han mostrado preocupación por la iglesia “El Calvario” y la sede nacional de nuestra Convención, cuyo edificio colinda con el Saratoga. Hemos recibido el apoyo de instancias gubernamentales, de la Oficina de Asuntos Religiosos, de líderes de denominaciones e instituciones evangélicas nacionales, de la Convención Bautista del Sur y de la Alianza Bautista Mundial. Asimismo, los ofrecimientos de ayuda por parte de hermanos y amigos, tanto de Cuba como de diferentes partes del mundo, han sido casi incesantes desde pocos minutos posteriores a la explosión. Esto nos ha reconfortado profundamente.

Estamos agradecidos porque, a pesar de que había varios hermanos laborando en la propiedad, felizmente ninguno sufrió lesiones físicas. En el orden material y constructivo, las oficinas de la Asociación se afectaron, aunque no de manera capital, pero el templo sí recibió daños estructurales significativos, con varias paredes y columnas desplomadas o agrietadas, el techo parcialmente colapsado y cuantiosas pérdidas en el mobiliario.

A todos nos han conmovido las imágenes dantescas del estado en que quedó esa icónica construcción. El edificio ubicado en la céntrica intersección de Zulueta y Dragones es la primera propiedad que adquirieron los evangélicos en Cuba y que han utilizado de manera ininterrumpida desde 1887. En esa fecha, los bautistas comenzaron a reunirse en el antiguo Teatro “Jané”, que se convirtió en un amplio local multipropósito, radicando allí en diferentes etapas la iglesia bautista “Getsemaní”, la primera sede del Seminario Teológico de los Bautistas Occidentales, el Colegio Bautista, una imprenta y librería, una iglesia bautista de habla inglesa, la iglesia bautista “El Calvario” (desde 1902) y la sede nacional de la Convención Bautista de Cuba Occidental. Al ser nuestro santuario más espacioso, celebramos allí nuestras Asambleas Anuales de la Convención, las graduaciones del Seminario y otras actividades multitudinarias. Por tal razón, es un sitio de gran valor sentimental para los bautistas cubanos y para los evangélicos en sentido general. En palabras del reconocido erudito Marcos Antonio Ramos, “es el edificio más histórico del protestantismo cubano.”

A pesar del panaroma gris que hoy nos circunda, no podemos dejar de vislumbrar la luminosa manifestación divina en el futuro cercano. Creemos que en la voluntad directiva y permisiva de Dios no hay despropósito alguno para sus hijos. Aun cuando no sabemos exactamente la magnitud del perjuicio que sufrió la edificación, confiamos en que el Señor nos ayudará a restaurarla con excelencia.

“El Calvario” ha sido históricamente generosa en grado superlativo con iglesias enfrascadas en proyectos constructivos de sus locales de reunión. Hoy se nos concede la ocasión de retribuirles tanta prodigalidad. Espontáneamente casi todas nuestras iglesias se han ofrecido a colaborar de disímiles maneras y estoy convencido de que muchos otros se unirán. Esta es una oportunidad excepcional de practicar la cooperación, que es uno de nuestros principios bautistas esenciales.

En estos momentos esperamos el dictamen técnico que nos permita diseñar un plan de acción, en el que vamos a necesitar el concurso de todos. Trabajaremos incansablemente para que esa amada congregación pueda disfrutar, más temprano que tarde, de un santuario renovado y esplendoroso, para adorar y dar gloria a Aquel que vive por los siglos y cuya identidad constituye el firme cimiento de la Iglesia. Amén.

“Y ahora, Señor, ¿qué esperaré? Mi esperanza está en ti”

Salmos 39:7


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