¿Qué es una Convención Bautista? (Final)

Visión de una esperanza mayor: el Reino Eterno.

En esta última publicación, repasaremos brevemente los conceptos que en cada artículo hemos expresado: En el primero dijimos que una convención es la asociación voluntaria de iglesias libres y autónomas, que al practicar la misma fe y obedecer los mismos principios bíblicos son constreñidas a reconocerse unas a otras y trabajar juntas de mutuo acuerdo por la extensión del Evangelio.

En el segundo expresamos que una convención es cada iglesia velando por el bienestar y la prosperidad de las otras, animándose a la obra misionera y a la preservación de los principios y valores comunes. Una convención es el reconocimiento de que La Biblia no permite a una iglesia estar en aislamiento. Cada iglesia local está completa en sí misma, pero a la vez reconoce la existencia de otras iglesias que sirven al mismo Señor y tienen los mismos propósitos. De ese modo, una iglesia local es una comunicad de creyentes y una convención es una comunidad de iglesias, unidas unas a las otras en el amor del Señor y por obediencia al Señor.

En el tercero, insistimos que una convención es la posibilidad de constatar en una esfera mayor, cuanto Dios está haciendo en cada iglesia para llevar adelante su plan de redención. Es poder gozarnos al ver la obra de Dios en otros y sentir que podemos hacer algo para el bienestar de todos y para la Gloria de Dios. Pertenecer a una Convención permite a cada iglesia estar en posición de dar y bendecir a otras, lo cual es la única forma bíblica de cumplir la voluntad de Dios para cada congregación de creyentes.

En el cuarto, declaramos que una convención es una oportunidad inigualable para las iglesias locales de participar unidas en proyectos comunes que interesen y beneficien a todas. Es ampliar el horizonte y las posibilidades, es mirar más allá, tal como dijo el profeta Isaías: “Ensancha el sitio de tu tienda, y las cortinas de tus habitaciones sean extendidas, no seas escasa, alarga tus cuerdas y refuerza tus estacas” (Isaías 54:2-3). Es el ministerio de la iglesia local tocando y bendiciendo a otras iglesias, interesándose en la vida de las demás para ayudar a su bienestar y prosperidad. Es la iglesia yendo más allá de sus propias fronteras geográficas, extendiendo así su esfera de servicio y su influencia, bendiciendo, animando a sus hermanas y juntándose a ellas para lograr lo que sola no puede lograr.

En el quinto artículo, afirmamos que una convención es el ámbito donde aquellos a quienes Dios llama al ministerio pastoral o al servicio en otra esfera de la vida eclesiástica, pueden hacerlo de una manera más amplia, invirtiendo su vida no solo en el marco de la iglesia local, sino en el compañerismo de todas las iglesias, quienes a su vez no solo reconocen el llamamiento de Dios para esos hombres y mujeres, sino son bendecidas al aportar o recibir y reconocer obreros procedentes de las otras. De ese modo, todos aportamos al crecimiento espiritual de todos y somos bendecidos precisamente por ello.

¿Qué es en definitiva una Convención Bautista?

Al unir las iglesias en un proyecto común en obediencia a la Palabra de Dios y con el propósito de extender el Evangelio de Cristo, una convención se convierte en la visión de una esperanza mayor, ¡el Reino Eterno de Dios!

Una convención, como compañerismo magnífico de iglesias que tienen las mismas convicciones, al reconocer no solo la expresión de la fe personal, sino el valor de la fe comunitaria que trasciende intereses e iniciativas personales, características locales y fronteras geográficas, nos prepara y encamina al disfrute del eterno gozo del cielo, que no será tanto un regocijo personal como la expresión del júbilo común, cuando los redimidos de todo pueblo y nación, de toda tiempo y cultura, puedan unirse definitivamente en el  gran cántico final de alabanza celestial, diciendo:

¡Aleluya! Ahora ha venido la salvación, el poder, y el reino de nuestro Dios, y la autoridad de su Cristo.  La bendición, la gloria y la sabiduría y la acción de gracias y la honra y el poder y la fortaleza, sean a nuestro Dios por los siglos de los siglos. Amén”

Fin de la Serie

Material escrito por el Pbro. Alberto I. González Muñoz para la celebración del Centenario de la Asociación en el año 2005. Adaptado para su publicación.

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